Transcribo un excelente artículo dominical.
Antonio Gramsci, que fundó el Partido Comunista Italiano en 1921, fue su pensador más creativo. Mientras Carlos Marx había sostenido que el comunismo llegaría al poder mediante la movilización de la clase obrera, Gramsci supuso que el triunfo final del comunismo vendría a través de la seducción de la clase media, de la "burguesía", mediante una ofensiva cultural que atraería a intelectuales, artistas, escritores, estudiantes y periodistas, con lo que proponía, de este modo, más que una clásica lucha "objetiva" de clases a la manera de Marx, una pugna "subjetiva" al alcance de la gente más sofisticada. Gramsci dijo alguna vez que sus ideas prevalecerían cuando hasta la nueva generación de los Agnelli se volviera comunista. En 1926, pese a ponerlo preso hasta su muerte en 1937, Mussolini le permitió elaborar sus ideas desde la prisión, una oportunidad que Gramsci aprovechó para escribir sus famosos Cuadernos de la cárcel , que suman nada menos que 2848 páginas.
Como un país donde ha gravitado especialmente la clase media, el nuestro ha sido uno de los más expuestos a las ideas de Gramsci. Por eso todavía hoy, entre nosotros, lo políticamente correcto es declararse "de izquierda" y lo que hay que evitar a toda costa es admitir que se es "de derecha". No es que nuestra derecha no exista, pero la moda política vigente hace que ella opte por una actitud "vergonzante". Esto no es lo que ocurre en países europeos como Francia, con Sarkozy; Alemania, con Merkl, y hasta Italia, con el escandaloso pero popular Berlusconi, mientras que en Chile está por ganar la derecha de Sebastián Piñera, en Uruguay Lacalle perdió sin ser considerado por eso un representante "repudiable" de la derecha y hasta en Brasil el candidato José Serra, situado a la derecha de Lula, lleva la delantera con vistas a las próximas elecciones presidenciales.
El caso de Abel Posse
Al designar a Abel Posse como su nuevo ministro de Educación, Mauricio Macri pareció arremetar audazmente contra el prejuicio que apunta a proscribir, entre nosotros, todo lo que tenga sabor a derecha. Catorce días después, sin embargo, le retiró su confianza. ¿Ha caído entonces Macri en el pozo resbaladizo de la "derecha vergonzante"? Unas semanas antes, al negarse a apelar la sentencia que había pretendido equiparar el matrimonio gay con el matrimonio heterosexual del Código Civil, ¿obedeció el jefe del gobierno porteño a un impulso similar? Aquí se abre una polémica en torno de Macri. Cuando lo comparan con autoproclamados izquierdistas como Kirchner, ¿no lo piensan acaso los porteños como un hombre situado a su derecha? ¿Y no fue precisamente por esto que ganó Macri? ¿Qué es mejor para él, en todo caso, ser considerado de derecha o ser sospechoso de un derechismo vergonzante? La pregunta es válida porque, por más "cintura política" que muestre tener, ni sus amigos ni sus adversarios lo considerarán nunca un hombre de izquierda.
El que no disimuló ni antes ni después de su nombramiento, que aunque no se declare formalmente como tal, es un hombre de derecha, es el propio Posse. ¿Lo acusaremos por eso de imprudencia? ¿O, aun sin quererlo, lo que hizo el fugaz ministro de Educación fue obligarnos a encarar de frente el problema de la proscripción ideológica de la derecha que todavía nos afecta? No bien designado, Posse quedó expuesto a un ataque frontal desde la izquierda, pero no porque sea un hombre "de derecha", algo que es, sino como si fuera un hombre de "extrema derecha", un nazi o un fascista, algo que no es. Este ataque convocó a todas las expresiones de la izquierda argentina. Sin embargo, así como la izquierda y la extrema izquierda son abismalmente diferentes, también lo son la derecha y la extrema derecha porque tanto la izquierda como la derecha moderadas son democráticas, y de la misma manera como sería abusivo pensar que toda la izquierda y no sólo la extrema izquierda es totalitaria, se cometería el mismo error al suponer que toda la derecha y no sólo la extrema derecha es nazi o fascista.
Cuando los críticos de Macri acusaron a Posse de extremista, lo que hicieron fue recurrir a un falseamiento ideológico que tampoco podría aplicarse a figuras como Piñera o Sarkozy porque hay una derecha democrática y otra que no lo es. Pero a lo que apuntaba la virulenta campaña contra Posse era a confirmar el malentendido que está envenenando nuestro debate político por suponer que, en tanto hay "dos" izquierdas, una democrática y la otra totalitaria, sólo hay "una" derecha, toda ella totalitaria. Cuando Macri cedió a las presiones y le soltó la mano a Posse, por eso, quienes militaban contra éste pudieron proclamar una victoria no menor en su empeño por reducir nuestras ricas opciones doctrinarias a una sola, la opción entre una izquierda democrática y una derecha totalitaria. La verdad es que, al no asimilar a Posse a Piñera sino a Hitler frente al dubitativo Macri, la izquierda "gramsciana" obtuvo entre nosotros una importante victoria.
Las fuentes de la confusión
En una sociedad reina una "confusión de valores" como la que ahora nos perturba, por otra parte, no sólo por la presencia de una clase media con pretensiones "progresistas", sino también por el residuo histórico de una dura "confrontación de valores" como la que nosotros padecimos desde los años setenta. Los montoneros y los militares, que fueron sus principales protagonistas, contribuyeron cada cual a su turno a exagerar y deformar los ideales en los que decían creer. Los militares dijeron defender nuestra "civilización occidental y cristiana" sin admitir que sus procedimientos no tenían nada que ver con ella. Los montoneros hablaban a su vez de "democracia", pero siguieron matando cuando la democracia ya había regresado. Desde ese momento, unos y otros pretendieron torcer la verdad histórica de lo que había ocurrido. De 2003 en adelante, empero, la versión montonera de nuestro pasado reciente terminó por imponerse. Si los militares hubieran vencido, hoy asistiríamos a una deformación simétricamente inversa.
El hecho es que la versión montonera triunfó. Ello trajo una deformación del ideal universal de los derechos humanos, que tanto los montoneros como los militares habían violado. La historia oficial es hoy que "sólo" los montoneros defendían los derechos humanos y por eso hay cientos de militares presos sin proceso, verdaderos "presos políticos", muchos de los cuales siguen en la cárcel pese a que han atravesado holgadamente la barrera de los setenta años que prescribe, para el resto de los mortales, la prisión domiciliaria.
Es que, habiendo aspirado ambos bandos a la demonización de sus enemigos, sólo los herederos de los montoneros la han logrado. Por haber sido menos contundente contra los militares que contra los montoneros, la que habitualmente se llama "derecha" ha sido demonizada por aproximación. De ahí que la principal preocupación de cualquiera que esté a la derecha del centro sea negar, como Pedro, cualquier afinidad con los vencidos. Es contra esta maniobra de autoprotección contra la que se ensaña ahora la izquierda, sin atreverse a reconocer que también hubo excesos del otro lado. ¿Qué debería hacer, entonces, entre nosotros, la gente que, ya fuera en Chile o en otros países democráticos, se inclinara por la derecha? Desprenderse, como supo hacerlo Piñera, de su pasado "pinochetista", sin renunciar por eso al ideal del orden dentro de la democracia que es su auténtica bandera. Por lo que acabamos de comprobar con las idas y venidas del nombramiento de Posse, en la Argentina esta meta es todavía lejana.
domingo 27 de diciembre de 2009
sábado 24 de octubre de 2009
¿Quién es peor?
Este interrogante se abre ante un "final feliz" de la historia de las sentadas y los campamentos.
En la última nota describí la estupidez ocurrida el miércoles en el colegio. Y, al parecer los campamentos finalmente se realizarán este año, obviando los reglamentos. Costumbre argentina típica la de que cuando hay una norma que no me gusta, no la cumplo. En este caso es doblemente grave, porque se trata de negligencia, a la que, una vez que se dieron que existía, continuaron.
Misteriosamente no se volvió a hablar públicamente de los campamentos después de la barbarie del miércoles hasta que llegó la noticia. No tengo detalles de la medida, por lo que escribo desde la hipótesis. Si alguien puede desmentir lo que digo o como mínimo "aclarar" las cosas, porque la información no podía llegar más escueta y oscura, por favor que lo publique y me ratificaré/rectificaré según corresponda.
Entonces, vuelvo. ¿Quién es peor? ¿Los estudiantes que pidieron lo imposible, o los adultos que se lo dieron? ¿Alguien imaginó el alcance que podía tener una medida semejante como dar marcha atrás por una "presión" de algunos alumnos? Es el Centro de Estudiantes, que ya venía embarrado por su soberbia constante, el que la acentuará y se creerá dueño del mundo. Si esto ya está pasando con la sociedad entera, donde "si juntamos 20 tipos cortamos la 9 de julio", los funcionarios se han encargado irresponsablemente de agravar la situación. Peligrosamente los mensajes revanchistas ya se están haciendo eco y van dirigidos a quienes tuvieron la osadía de disentir.
La última perla: no solamente esta actitud de la Universidad merece el repudio, sino también el pacto no escrito de funcionarios, docentes y estudiantes de no investigar errores del pasado. En la segunda Asamblea General del miércoles se habló a viva voz del tema y se reconoció como lo más normal del mundo no acudir a la Justicia por el tema del momento, porque podían empezar a salir los cadáveres del armario de la UNMDP. Esto es una vergüenza. El poder establecido ha logrado salirse con la suya nuevamente, y espero que tarde o temprano haya un juicio académico a quienes deliberadamente incumplieron, una vez más, reglas básicas de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
En la última nota describí la estupidez ocurrida el miércoles en el colegio. Y, al parecer los campamentos finalmente se realizarán este año, obviando los reglamentos. Costumbre argentina típica la de que cuando hay una norma que no me gusta, no la cumplo. En este caso es doblemente grave, porque se trata de negligencia, a la que, una vez que se dieron que existía, continuaron.
Misteriosamente no se volvió a hablar públicamente de los campamentos después de la barbarie del miércoles hasta que llegó la noticia. No tengo detalles de la medida, por lo que escribo desde la hipótesis. Si alguien puede desmentir lo que digo o como mínimo "aclarar" las cosas, porque la información no podía llegar más escueta y oscura, por favor que lo publique y me ratificaré/rectificaré según corresponda.
Entonces, vuelvo. ¿Quién es peor? ¿Los estudiantes que pidieron lo imposible, o los adultos que se lo dieron? ¿Alguien imaginó el alcance que podía tener una medida semejante como dar marcha atrás por una "presión" de algunos alumnos? Es el Centro de Estudiantes, que ya venía embarrado por su soberbia constante, el que la acentuará y se creerá dueño del mundo. Si esto ya está pasando con la sociedad entera, donde "si juntamos 20 tipos cortamos la 9 de julio", los funcionarios se han encargado irresponsablemente de agravar la situación. Peligrosamente los mensajes revanchistas ya se están haciendo eco y van dirigidos a quienes tuvieron la osadía de disentir.
La última perla: no solamente esta actitud de la Universidad merece el repudio, sino también el pacto no escrito de funcionarios, docentes y estudiantes de no investigar errores del pasado. En la segunda Asamblea General del miércoles se habló a viva voz del tema y se reconoció como lo más normal del mundo no acudir a la Justicia por el tema del momento, porque podían empezar a salir los cadáveres del armario de la UNMDP. Esto es una vergüenza. El poder establecido ha logrado salirse con la suya nuevamente, y espero que tarde o temprano haya un juicio académico a quienes deliberadamente incumplieron, una vez más, reglas básicas de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
miércoles 21 de octubre de 2009
Hoy
No hace falta ahondar en detalles sobre la polémica situación que se vive en el Colegio respecto a los campamentos. Pero, para algún desprevenido, conviene decir que:
Alguien ha dado en la tecla leyendo reglamentos y vio que existen diversas normas y trámites clave para realizar los campamentos.
Estas nunca habían sido cumplidas por autoridades, entonces recién ahora comenzaron los trámites burocráticos, que terminarán para el año que viene.
Generóse un gran problema con los chicos que debían tener su salida prontamente, que pusieron el grito en el cielo y reclamaron una solución al menos transitoria que hiciera posible la realización de las mismas hasta tanto el tramiterío fuera solucionado.
Pero lo cierto es que no hay forma de acelerar los procesos, y si los directivos decidían evitar las normas fácilmente podía devenirse un juicio académico que los sacara de sus puestos. ¿A alguno le parece que un grupo de adolescentes diciendo “somos el CENI e hicimos una sentada” vamos a plantarnos frente a funcionarios estatales competentes? Dirección propuso hacer los campamentos en abril de 2010, es decir, no se pierde dinero, tan sólo tiempo, por este inconveniente legal. No hay otra solución, no se puede ir contra el Aparato o acelerar las cosas.
Lo ocurrido el día de hoy en el Colegio Illia fue lamentable. Había una Asamblea General prevista para las once menos cuarto, que se llevó a cabo en el teatro. Allí, la mayoría votó por protestar realizando una sentada inmediatamente para presionar por una respuesta que no puede llegar. Las vías del diálogo no habían sido agotadas en su totalidad, solo se había sucedido una reunión con Rectorado. Pero siempre es mucho más fácil demostrar la “pasión”, que yo llamaría infantilismo, antes que llegar a un acuerdo, dialogar o como mínimo entender una posición.
Pero, volviendo: lo de la sentada fue increíble. Salió la gente del teatro diciendo “no hay clases” (¡!). ¿Desde cuando los estudiantes decidimos cuando hay clases y cuando no? Eso no fue lo peor, sino que muchos profesores hicieron caso omiso de la cuestión y no dictaron sus materias (mientras no hubo Asamblea, donde se está justificada la no emisión de clases). Vi personas que debieron entrar por la ventana a sus cursos porque algunos compañeros tapaban las entradas; gente que sólo se sentaba para perder una prueba; otros que votaban a favor pero al ver que no había clase se iban; e incluso gritos presionando a los que todavía estaban de pie para que se sentaran, cosa que tristemente sucedió a quien escribe. De más está describir mi reacción.
Luego vino una segunda Asamblea ante el infructuoso intento de hacerse entender con los profesores. Después de idas y vueltas, y exposición de numerosos argumentos, nuevamente se siguió con la medida de fuerza. Llegué a escuchar opiniones que decían: “yo voté a favor, porque si no quedamos como unos estúpidos”. Antes, diversos momentos de cordura habían reinado en la Asamblea, pero opacados por intolerantes y rencorosos llamados al conflicto, estéril, porque no hay más solución que la planteada por la Dirección.
Lo del Buenos Aires, y más cercano, en la propia Municipalidad, fueron ejemplos que hicieron estragos en el Colegio. Como me dijo alguien: “esto es un reflejo de la sociedad que tenemos”.
Alguien ha dado en la tecla leyendo reglamentos y vio que existen diversas normas y trámites clave para realizar los campamentos.
Estas nunca habían sido cumplidas por autoridades, entonces recién ahora comenzaron los trámites burocráticos, que terminarán para el año que viene.
Generóse un gran problema con los chicos que debían tener su salida prontamente, que pusieron el grito en el cielo y reclamaron una solución al menos transitoria que hiciera posible la realización de las mismas hasta tanto el tramiterío fuera solucionado.
Pero lo cierto es que no hay forma de acelerar los procesos, y si los directivos decidían evitar las normas fácilmente podía devenirse un juicio académico que los sacara de sus puestos. ¿A alguno le parece que un grupo de adolescentes diciendo “somos el CENI e hicimos una sentada” vamos a plantarnos frente a funcionarios estatales competentes? Dirección propuso hacer los campamentos en abril de 2010, es decir, no se pierde dinero, tan sólo tiempo, por este inconveniente legal. No hay otra solución, no se puede ir contra el Aparato o acelerar las cosas.
Lo ocurrido el día de hoy en el Colegio Illia fue lamentable. Había una Asamblea General prevista para las once menos cuarto, que se llevó a cabo en el teatro. Allí, la mayoría votó por protestar realizando una sentada inmediatamente para presionar por una respuesta que no puede llegar. Las vías del diálogo no habían sido agotadas en su totalidad, solo se había sucedido una reunión con Rectorado. Pero siempre es mucho más fácil demostrar la “pasión”, que yo llamaría infantilismo, antes que llegar a un acuerdo, dialogar o como mínimo entender una posición.
Pero, volviendo: lo de la sentada fue increíble. Salió la gente del teatro diciendo “no hay clases” (¡!). ¿Desde cuando los estudiantes decidimos cuando hay clases y cuando no? Eso no fue lo peor, sino que muchos profesores hicieron caso omiso de la cuestión y no dictaron sus materias (mientras no hubo Asamblea, donde se está justificada la no emisión de clases). Vi personas que debieron entrar por la ventana a sus cursos porque algunos compañeros tapaban las entradas; gente que sólo se sentaba para perder una prueba; otros que votaban a favor pero al ver que no había clase se iban; e incluso gritos presionando a los que todavía estaban de pie para que se sentaran, cosa que tristemente sucedió a quien escribe. De más está describir mi reacción.
Luego vino una segunda Asamblea ante el infructuoso intento de hacerse entender con los profesores. Después de idas y vueltas, y exposición de numerosos argumentos, nuevamente se siguió con la medida de fuerza. Llegué a escuchar opiniones que decían: “yo voté a favor, porque si no quedamos como unos estúpidos”. Antes, diversos momentos de cordura habían reinado en la Asamblea, pero opacados por intolerantes y rencorosos llamados al conflicto, estéril, porque no hay más solución que la planteada por la Dirección.
Lo del Buenos Aires, y más cercano, en la propia Municipalidad, fueron ejemplos que hicieron estragos en el Colegio. Como me dijo alguien: “esto es un reflejo de la sociedad que tenemos”.
viernes 9 de octubre de 2009
Nobel de la Paz
¿En qué se ha convertido el Nobel para la Paz? ¿A Obama se lo dan? ¡Qué verguenza! Solamente porque es una celebridad que le cae bien a Europa y tiene buenas intenciones. Ahora bien, no ha pasado de discursos a un año de haber asumido. No hay logros en casi ninguna materia. Y es Nobel de la Paz.
Propongo que todas las personas que no quieren más guerras y sean optimistas con el futuro sean merecedores del premio, de acuerdo al nuevo criterio de elección para el Comité.
[PD: Es la primera vez que veo un rechazo fuerte en una encuesta hacia el mulato. En un diario donde hacía un año sólo se veían demócratas aunque fuera conservador (La Nación), una encuesta ya lleva más de 3000 votos y un 55% contrario a la designación]
Propongo que todas las personas que no quieren más guerras y sean optimistas con el futuro sean merecedores del premio, de acuerdo al nuevo criterio de elección para el Comité.
[PD: Es la primera vez que veo un rechazo fuerte en una encuesta hacia el mulato. En un diario donde hacía un año sólo se veían demócratas aunque fuera conservador (La Nación), una encuesta ya lleva más de 3000 votos y un 55% contrario a la designación]
domingo 20 de septiembre de 2009
Declaración de guerra a Clarín
¿Tiene autoridad moral un Gobierno que ahoga medios que no le responden sin girarle publicidad para decirse “democrático”?
No sirve una ley, por buena que sea, en el marco de un irracional enfrentamiento con un grupo de medios. Deberíamos estar orgullosos de decir “Clarín”. Un poderoso grupo nacional surgido desde abajo, insignia de lo que debemos ser. Por supuesto que necesita limitaciones, pero parece que sólo repararon en ello hace poquito, cuando dejó de responderles políticamente. De hecho, hasta les habían concedido la fusión de las dos mayores empresas de cable, no hace mucho, sólo unos años atrás, hecho que violó toda ley posible antimonopólica, pero, ¿a quién le importó?
Si una aceptable no sirve, menos aún lo hace un proyecto malo.
• Cada dos años se revisará el esquema por el que se otorga las licencias para poder operar los servicios de televisión y radio. El regulador es, ¡ajá!, el Gobierno, que si quiere podrá vetar un canal cada ese plazo de tiempo. Como Chávez.
• ¿Quién en su sano juicio puede otorgarle un tercio de los medios al Gobierno de turno? En rigor, es al Estado; pero si como mínimo es grosero observar la tergiversación constante de la realidad en el canal público, imaginen un tercio de las señales.
• Otro para diversas ONG’s, creyendo que eso otorga pluralismo, desconociendo la diferencia entre ser escuchado y expresarse. Como detalle, “un gremio no puede hacer periodismo, sino propaganda” (Senadora Estenssoro).
• Los medios tendrán su pantalla condicionada, y deberán trasmitir productos argentinos les guste o no.
• Viola la seguridad jurídica, porque la Ley es retroactiva; las empresas deberán deshacerse de posesiones; ahora es ilegal lo que antes no. Lamentablemente en el mundo no hay un buen precedente, pues en Estados Unidos es famosa la desmembración de AT&T, para favorecer la competencia.
Para más información, tan sólo observen el espectro santacruceño: no hay voces disidentes. Las estatales, las privadas: todas son kirchneristas. La hegemonía y falta de libertad son contundentes.
"El derecho a la información significa el derecho a toda la información, no al ocultamiento (...) o la distorsión". Le diría a la Presidente que mire cinco minutos un noticiero o algún pseudo-programa de opinión estatal y se pregunte: ¿Por casa como andamos? Todo esto para darle menos poder a Clarín. No ignoran que el negocio del grupo no está ni cerca de ser el de la información, pero igual van por más. No sólo eso, sino que la corporación no es ni cerca la única voz del medio. Uno prende un televisor con cable y tiene 80 canales; a lo sumo, 4 serán de Clarín, y uno tiene una penetración aceptable; no se dedica ni por asomo a la política. Uno va al kiosco de diarios y tiene 11 nacionales; sólo 2 son del Grupo, y uno es deportivo. Uno enciende las radios y como máximo hay 3 de Clarín, sobre decenas. ¿Eso es monopolio y “libertad de extorsión”? Hay cientos de medios independientes de Clarín que pueden decir, “no”.
Perlita: si la ley K fuera mundial, se darían situaciones cómicas, como que la Time Warner debería desprenderse la CNN o HBO.
Para ir concluyendo, qué patético que se siga jugando con algo tan terrible como la dictadura para justificar un proyecto tan autoritario y concentrador (que en vez de monopólico sería oligopólico, por ejemplo, al permitir el ingreso de las telefónicas al negocio del triple play), cuando encima es una media verdad. ¿Nadie presentó proyectos para reformar la Radiodifusión antes? Mentira. En rigor, tanto Alfonsín como Menem como De la Rúa intentaron modificar la norma. No se logró, aunque se le impusieron casi 200 modificaciones en democracia, la última de ellas por el propio kirchnerismo, lo que denota que no siempre hubo voluntad para desterrar definitivamente la ley, sino que es un impulso nuevo. Vaya a saber uno por qué, ¿verdad?
De cualquier forma, aún se confía en la oposición para que dentro de cuatro meses sancione una verdadera ley de servicios de comunicación. Si no se la vetan.
No sirve una ley, por buena que sea, en el marco de un irracional enfrentamiento con un grupo de medios. Deberíamos estar orgullosos de decir “Clarín”. Un poderoso grupo nacional surgido desde abajo, insignia de lo que debemos ser. Por supuesto que necesita limitaciones, pero parece que sólo repararon en ello hace poquito, cuando dejó de responderles políticamente. De hecho, hasta les habían concedido la fusión de las dos mayores empresas de cable, no hace mucho, sólo unos años atrás, hecho que violó toda ley posible antimonopólica, pero, ¿a quién le importó?
Si una aceptable no sirve, menos aún lo hace un proyecto malo.
• Cada dos años se revisará el esquema por el que se otorga las licencias para poder operar los servicios de televisión y radio. El regulador es, ¡ajá!, el Gobierno, que si quiere podrá vetar un canal cada ese plazo de tiempo. Como Chávez.
• ¿Quién en su sano juicio puede otorgarle un tercio de los medios al Gobierno de turno? En rigor, es al Estado; pero si como mínimo es grosero observar la tergiversación constante de la realidad en el canal público, imaginen un tercio de las señales.
• Otro para diversas ONG’s, creyendo que eso otorga pluralismo, desconociendo la diferencia entre ser escuchado y expresarse. Como detalle, “un gremio no puede hacer periodismo, sino propaganda” (Senadora Estenssoro).
• Los medios tendrán su pantalla condicionada, y deberán trasmitir productos argentinos les guste o no.
• Viola la seguridad jurídica, porque la Ley es retroactiva; las empresas deberán deshacerse de posesiones; ahora es ilegal lo que antes no. Lamentablemente en el mundo no hay un buen precedente, pues en Estados Unidos es famosa la desmembración de AT&T, para favorecer la competencia.
Para más información, tan sólo observen el espectro santacruceño: no hay voces disidentes. Las estatales, las privadas: todas son kirchneristas. La hegemonía y falta de libertad son contundentes.
"El derecho a la información significa el derecho a toda la información, no al ocultamiento (...) o la distorsión". Le diría a la Presidente que mire cinco minutos un noticiero o algún pseudo-programa de opinión estatal y se pregunte: ¿Por casa como andamos? Todo esto para darle menos poder a Clarín. No ignoran que el negocio del grupo no está ni cerca de ser el de la información, pero igual van por más. No sólo eso, sino que la corporación no es ni cerca la única voz del medio. Uno prende un televisor con cable y tiene 80 canales; a lo sumo, 4 serán de Clarín, y uno tiene una penetración aceptable; no se dedica ni por asomo a la política. Uno va al kiosco de diarios y tiene 11 nacionales; sólo 2 son del Grupo, y uno es deportivo. Uno enciende las radios y como máximo hay 3 de Clarín, sobre decenas. ¿Eso es monopolio y “libertad de extorsión”? Hay cientos de medios independientes de Clarín que pueden decir, “no”.
Perlita: si la ley K fuera mundial, se darían situaciones cómicas, como que la Time Warner debería desprenderse la CNN o HBO.
Para ir concluyendo, qué patético que se siga jugando con algo tan terrible como la dictadura para justificar un proyecto tan autoritario y concentrador (que en vez de monopólico sería oligopólico, por ejemplo, al permitir el ingreso de las telefónicas al negocio del triple play), cuando encima es una media verdad. ¿Nadie presentó proyectos para reformar la Radiodifusión antes? Mentira. En rigor, tanto Alfonsín como Menem como De la Rúa intentaron modificar la norma. No se logró, aunque se le impusieron casi 200 modificaciones en democracia, la última de ellas por el propio kirchnerismo, lo que denota que no siempre hubo voluntad para desterrar definitivamente la ley, sino que es un impulso nuevo. Vaya a saber uno por qué, ¿verdad?
De cualquier forma, aún se confía en la oposición para que dentro de cuatro meses sancione una verdadera ley de servicios de comunicación. Si no se la vetan.
miércoles 26 de agosto de 2009
Falleció Diana Julio de Massot
Anoche murió en Buenos Aires Diana Julio de Massot, directora de "La Nueva Provincia" , a causa de un cáncer que sobrellevó por más de un año.
Quienes trabajábamos a su lado sabemos que, si a ella le hubiera tocado decidir sobre el contenido de esta nota, poco más habría agregado, fiel a esa regla editorial que hizo que, durante cincuenta y tres años, desde que tomó a su cargo la dirección de estas páginas hasta el día de su muerte, toda referencia en ellas a su persona se ajustara a lo indispensable desde el punto de vista informativo, casi limitado a lo estrictamente protocolar.
Pero si bien ese desinterés cristiano por la promoción propia es parte de su ejemplo y su legado, quienes la sucedemos en la decisión editorial creemos no agraviar a uno ni otro si hoy --que ya no está-- compartimos apenas una reseña con los lectores de este diario al que ella dedicó su vida.
Porque, desde que en 1956 asumió la responsabilidad de dirigirlo, decidió que sus actos, su persona, su familia, su Patria y su Fe serían inescindibles de lo publicado en la edición de cada día de "La Nueva Provincia" . En realidad, ese fue el compromiso que tomó un año antes, con apenas veintiséis años, cuando se puso al frente de las gestiones de recuperación del matutino fundado en 1898 por su abuelo, Don Enrique Julio, clausurado en 1950 y en vías de incautación por el gobierno de Juan Domingo Perón.
Llegaba a esa batalla sin más armas que su carácter y el ejemplo de vida recibido de quienes la criaron tras quedar huérfana de madre a los tres años: su abuela Vicenta Calvento de Julio y su tía Raquel Calvento. No tenía otros estudios que los de bachiller, adquiridos durante su pupilaje en el colegio Santa Unión de Buenos Aires, donde abrazó una pasión por la lectura que la acompañaría hasta sus últimos días y le permitió completar su formación.
A los diecinueve años se casó con Federico Ezequiel Massot, joven diplomático, a quien acompañó inmediatamente en su primer destino como secretario de la embajada argentina en Manila, Filipinas. Pocos años después, el mismo gobierno que había clausurado el diario familiar dejó cesante a Massot, declarado opositor. Así, devolvía a la familia, sin recursos y con dos hijos, a una habitación alquilada en el barrio de Almagro, en la Capital Federal.
Esa precaria situación, lejos de minar su espíritu, hizo nacer en ella la determinación --hasta entonces desconocida-- de rescatar "La Nueva Provincia" . En el cumplimiento de ese compromiso la encontró el estallido de la Revolución Libertadora, mientras junto con su marido --activo integrante de los comandos civiles revolucionarios-- sorteaban los puentes volados y los puestos militares de control en su ruta a Bahía Blanca, para que él pudiera asumir la intervención del diario familiar y revertir las secuelas del régimen recién depuesto.
Cuando, un año después, su esposo fue reincorporado al Servicio Exterior de la Nación, y asignado a la embajada en Londres, la fuerza de ese mismo compromiso determinó que Diana Julio de Massot resolviera quedarse en Bahía Blanca al frente de su diario. Lo hizo acompañada por dos extraordinarios profesionales que, a lo largo de su vida y el trabajo común, se convertirían en entrañables amigos: Mario Marra y Jorge Bermúdez Emparanza. Para ellos, al igual que para Federico Massot y su cuñado, el capitán Alberto Antonini --artífices de la recuperación--, tuvo siempre un marcado reconocimiento, que se ocupó de resaltar en lo que sería su última aparición pública, durante los actos por el centenario del diario, en 1998.
Con todo --según no se cansaba de repetir--, fue gracias al leal acompañamiento del público bahiense que consiguió poner en pie nuevamente a "La Nueva Provincia" , en medio de un contexto fuertemente competitivo, pujando por el favor de los lectores con diarios como " El Atlántico", "Democracia" y "La Gaceta".
Retomó los ideales de su abuelo convirtiendo al diario, y luego a los demás medios que incorporó a la empresa, en incondicionales propulsores del desarrollo cultural y económico de la ciudad. Sin dejar que las diferencias políticas o personales se interpusieran nunca al momento de ponderar los proyectos y realizaciones que fueran beneficiosos para Bahía Blanca y su zona, no cesó de promover --con mayor o menor éxito, según los casos-- los principales emprendimientos culturales, educativos, industriales y de infraestructura para nuestro medio.
De inmediato comprendió cabalmente la idea de la empresa de comunicación moderna y, a partir de esa visión, enderezó sus esfuerzos para que "La Nueva Provincia" se convirtiera en el eje de uno de los primeros grupos multimedios de Latinoamérica y el primero de la Argentina.
El 24 de abril de 1958 obtuvo la concesión de la onda de LU2 que, desde entonces, competiría con las otras dos radios comerciales existentes en la ciudad, LU3 y LU7, para convertirse rápidamente en líder del mercado.
En 1959, consciente de la necesidad de defender la independencia de las entidades periodísticas, se inició en la actividad gremial empresaria, como fundadora y miembro del Consejo Directivo de la Asociación de Radiodifusoras Privadas Argentinas (ARPA). Al mismo tiempo, bregó por la formación de una entidad semejante para la prensa argentina hasta que, en 1962, formó parte de la Asamblea Fundacional de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), integrando su Junta de Directores y su Consejo Ejecutivo por varios períodos.
Apenas consolidadas las finanzas de los ya pujantes emprendimientos de comunicaciones, Diana Julio de Massot creyó necesario conocer algunos de los modelos periodísticos más avanzados en el resto de América. Quería mantener a "La Nueva Provincia" a tono con los últimos adelantos tecnológicos y los desafíos que se recortaban en el horizonte mediático. Para ello cursó estudios de perfeccionamiento en el Graduate School of Journalism de la Universidad de Columbia, en Nueva York, e ingresó a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), cuya Junta de Directores integró en 1965 y donde desarrolló una activa labor hasta 1980.
Para Diana Julio de Massot el propósito específico de un medio de comunicación no se agotaba --por bien que lo hiciese-- en informar a sus lectores, oyentes o televidentes. En todo caso, ésta era la condición necesaria de una periodista de ley. La condición suficiente consistía en formar conciencia respecto de determinados valores e ideas.
Fue en razón de esta creencia, firmemente arraigada en ella desde muy joven, que "La Nueva Provincia" pronto se destacó, no sólo en el ámbito bonaerense sino a nivel nacional, por su compromiso indeclinable con la defensa de las más profundas tradiciones nacionales y de los fundamentos de la cultura occidental: el principio de autoridad, la seguridad jurídica y la libertad responsable de las personas. Al mismo tiempo, y sin dejarse ganar por ninguna tentación clericalista, los medios bajo su dirección hicieron causa común con la doctrina pontificia referida a cuestiones de fe y costumbres.
En el transcurso de los cuarenta años que estuvo, a sol y a sombra, al frente del diario recuperado en 1955, cosechó de parte de sus enemigos ideológicos todo tipo de ataques que no hicieron mella en su carácter, así como de amenazas que reforzaron su temple y, lejos de amedrentarla, acicatearon su ánimo de lucha.
Convencida de sus razones, defendió la legitimidad de la revolución del 16 de septiembre de 1955 en contra del régimen instaurado por Juan Perón, al que "La Nueva Provincia" criticó siempre. Sin embargo, cuando la fórmula conformada por Framini-Anglada, gestada en Madrid, ganó ampliamente las elecciones para gobernador de la provincia de Buenos Aires, el editorial escrito por la directora de uno de los dos diarios más antiperonistas del país, fue consecuente con su aceptación previa del proceso electoral, exigiendo que dejasen asumir al binomio justicialista, legítimamente votado.
Respaldó en buena medida la gestión económica del desarrollismo, llegando a integrar la delegación que acompañó al entonces presidente Arturo Frondizi a los Estados Unidos, en 1959, sin que ello le impidiera a la vez tomar distancia de sus manejos políticos.
En ese mismo año, se abrieron los procesos de licitación para canales de televisión privados en el interior del país y, una vez más, Diana Julio de Massot apostó a la inserción de "La Nueva Provincia" en las nuevas tecnologías de comunicación. Ganó una de las dos frecuencias adjudicadas a Bahía Blanca, el Canal 9, que, bajo el nombre de Telenueva, inició sus transmisiones el 24 de septiembre de 1965.
A partir de junio de 1966, "La Nueva Provincia" apoyó críticamente el derrotero de la así denominada Revolución Argentina, sobre todo durante la presidencia del general Juan Carlos Onganía. Fue entonces, comenzada la guerra revolucionaria de organizaciones armadas de izquierda contra las instituciones de la República, cuando Diana Julio de Massot reveló su mejor perfil combativo, que hizo extensivo al diario que dirigía.
Aquellos años de plomo --luctuosos por donde se los mire--, que dieron lugar a una conflagración civil cuyas secuelas, todavía hoy, resultan lacerantes, no la tomaron por sorpresa. Conocidos los primeros episodios terroristas, comprendió con claridad la dimensión del ataque que enderezaban las facciones revolucionarias --dependientes de uno de los dos imperialismos vigentes en la época-- contra el país de los argentinos, y a partir de tal entendimiento tomó una decisión personal que guiaría la política editorial de "La Nueva Provincia" a lo largo de todo el conflicto: no había, con los enemigos de la Nación, negociación posible.
La confusión reinante en los años de transición entre la Revolución Argentina y el regreso al poder del general Juan Domingo Perón encontraron siempre a "La Nueva Provincia" desenmascarando las falsas declamaciones democráticas con que los movimientos subversivos pretendían justificar la violencia por ellos desatada. Diana Julio de Massot no cedió a lo políticamente correcto y denunció, por igual, los desvíos del gobierno militar --entonces en manos del general Lanusse--, de ciertos sectores de la Iglesia identificados con el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y de los partidos políticos.
En 1973, ante el triunfo de la fórmula Cámpora-Solano Lima, la directora del diario planteó en el editorial del domingo 18 de marzo todo su escepticismo respecto del futuro inmediato, no sin decir, en el párrafo final: "Quiera Dios darnos fortaleza para desechar con igual serenidad el anónimo cobarde y la amenaza encubierta y quiera también legarnos la misma entereza que hizo un día de este diario el vocero inclaudicable de las mejores tradiciones argentinas". Casi inmediatamente, su pesimismo resultaría justificado.
Entre 1973 y 1976, "La Nueva Provincia" sería víctima de un hostigamiento permanente de parte del gobierno y de los grupos de la izquierda y la derecha peronistas que alternaron vigencia y poder durante ese período. Las amenazas personales a los directivos, al personal, a sus familias, unidas a los atentados, el boicot sindical y la utilización de los recursos del Estado para ahogar a la empresa fueron para Diana Julio de Massot el pan de cada día. Y lo recibió sin claudicaciones, sin negociar ni su indemnidad física ni la venta de las páginas de su diario al poder de turno.
Fueron años en que, como nunca, debió plantearse los riesgos de vivir de acuerdo con los principios que sostenía en sus editoriales. Entre muchas otras, algunas anécdotas de la época la describen por sí solas.
En una oportunidad, mientras cumplían con sus funciones en el Concejo Deliberante local, los periodistas de su empresa fueron hostigados y expulsados por patotas vinculadas al peronismo. Su actitud frente a la agresión fue siempre la misma: enfrentarla y, consecuente con ella, no dudó en presentarse sola a la siguiente sesión del Concejo para hacer en persona la cobertura de la misma.
Pasado el tiempo, y con la empresa familiar al borde de la quiebra debido al hostigamiento del gobierno, recibió una oferta de compra por el canal de televisión que, de concretarse, podía paliar la desesperada situación del diario. Con enorme pena, pero dispuesta a sacrificar una parte de lo que había construido para salvar su "buque insignia", pensó aceptarla. Sin embargo, puso como condición conocer el destinatario último de la operación. Al enterarse de que los compradores eran personeros de David Graiver y José Gelbard, a quienes ella consideraba cómplices del proceso de subversión por el que atravesaba la Argentina, prefirió exponerse a perderlo todo antes que entregarles uno de sus medios.
Cada vez que las autoridades le informaron de la inclusión de su nombre en los listados de objetivos de la subversión o se reforzó tal amenaza con la aparición de su fotografía en una de las publicaciones que preanunciaban los crímenes terroristas, Diana Julio de Massot les reiteró a sus familiares directos la instrucción de no negociar por su vida en ningún caso. Y al fundamentar su decisión en la línea editorial que ella misma había mantenido desde el secuestro en Buenos Aires de un cónsul paraguayo, en época de Onganía, remataba siempre con aquello de "no borrar con el codo lo escrito con la mano".
En esos años, frente a las agresiones, las pérdidas materiales y hasta el peligro de muerte, Diana Julio de Massot optó, en cada caso, por los principios. Al extremo de que, entre fines de 1975 y principios de 1976, el diario --cuando sus enemigos lo creyeron quebrado-- pudo continuar su prédica de siempre con una edición de apenas ocho páginas, gracias a la lealtad inolvidable de una treintena de empleados y a los miembros de la familia propietaria que --todos juntos-- no dudaron en responder a la convocatoria de su directora. El diario "La Nueva Provincia" siguió, así, informando a los hogares bahienses que, sin importar lo precario de las ediciones, nunca lo abandonaron. También aquellos fueron años en los cuales el reconocimiento nacional a la independencia y el valor del diario dirigido por Diana Julio de Massot le otorgaron a "La Nueva Provincia" una vigencia a lo largo y ancho del país nunca alcanzada por un diario del interior.
En medio de aquel proceso disolvente que afectaba a la República y con la amenaza creciente del terrorismo marxista, el 24 de marzo de 1976 Diana Julio de Massot consideró que era un deber ineludible respaldar la acción militar de las Fuerzas Armadas. Hasta el final de sus días reivindicó aquella acción, a pesar de las profundas críticas que dirigiera a la administración de las políticas públicas encaradas por el gobierno de facto.
La última etapa de su gestión ejecutiva al frente de "La Nueva Provincia" fue crítica de la gestión del doctor Raúl Alfonsín, a quien había apoyado frente a la fórmula Luder-Bittel. Sin embargo, pese al grave deterioro económico que caracterizó al período alfonsinista y al enfrentamiento creciente con el gobierno nacional, perseveró en su idea de la empresa de comunicación multimedios y, en 1986, solicitó una licencia para la explotación de un sistema de televisión por cable que se lanzó al mercado bajo el nombre de Cable Total.
En 1987, abandonó sus funciones ejecutivas y asumió la recién constituida Dirección General del grupo Multimedios, desde donde coordinó su desarrollo fuera de Bahía Blanca y la región, asociando a otros medios del interior. Bajo la dirección del grupo se iniciaron operaciones de televisión por cable en varias ciudades del interior y del Gran Buenos Aires; de Chile y de Brasil. En televisión abierta, los canales en que el grupo tenía participación lideraron la conformación de un consorcio de producción de contenidos que, a su turno, fue el eje de Televisión Federal S.A., empresa adjudicataria del Canal 11 de Buenos Aires (TELEFE) al momento de su privatización. En gráfica, en conjunto con otros cinco diarios del interior, se encaró el montaje de una planta impresora en el Gran Buenos Aires para lanzar la revista "Nueva" , que se convirtió en la segunda revista de mayor circulación nacional, entregada con las ediciones dominicales de cada uno de los diarios participantes.
En 1995, a raíz de un grave accidente automovilístico, se vio forzada a retirarse de la actividad, para encarar un largo proceso de rehabilitación, reintegrándose en 1999 como Directora Honoraria del diario.
Durante su gestión, tanto ella como las empresas bajo su dirección recibieron numerosos premios y distinciones, entre los que se destacan el otorgado por la Asociación Mundial de Periódicos (WAN), en 1998, y varios de la Sociedad Interamericana de Prensa, como el SIP Mergenthaler, en 1964; la Cruz de Plata Esquiú en 9 oportunidades; el Santa Clara de Asís en 10 oportunidades y el premio San Gabriel, en 1970. A nivel personal, entre muchos otros, contó con el Freedom of the Press Citation de la Universidad de Florida, en 1959; la Orden al Mérito de la República Italiana en el grado de Commendatore, en 1972; el premio de la revista "Gente" , en 1973; el María Moors Cabot Award, otorgado por la Universidad de Columbia, también en 1973 y el premio Konex - Diploma al mérito, en 1987.
Diana Julio de Massot fue, más allá de la periodista y la empresaria, fundamentalmente una mujer de familia y, como tal, básicamente una madre y una abuela en extremo dedicada. Tuvo la capacidad de mantener y desarrollar la empresa a la que consagró su vida en el seno de su familia y, a partir de allí, pudo repartir su guía, su consejo, su apoyo y su combate con la misma determinación a una y a otra.
El mismo amor que desplegó en su familia lo dio solidariamente a cuantos la rodeaban y muy especialmente a quienes trabajaban con ella. Así no dudó en atender a cuanta persona o institución se acercara en busca de ayuda, ya fuera una contribución, un tratamiento médico en el exterior, un barrio, un dispensario, una capilla, una escuela, una vivienda, la posibilidad de estudiar o una mensualidad para aplacar alguna situación de desempleo. Todo, siempre, en el marco de una cristiana discreción que hacía del anonimato su regla.
El amor inclaudicable a su Bahía Blanca natal, y el reconocimiento a cuanto la ciudad y su gente les dieron a ella y a sus ancestros, resultaron una constante en su vida y la llevaron, después de su retiro y hasta que su enfermedad la dejó postrada en Buenos Aires, a radicarse nuevamente en nuestra ciudad. En su discurso del centenario, dijo emocionada: "En cada uno de estos cien años fuimos contrayendo una deuda de gratitud con quienes, más allá de posibles disidencias respecto a nuestra línea editorial, siempre nos brindaron su respeto y confianza, traducidos en preferencia diaria: me refiero a las cinco generaciones de bahienses que, desde 1898, nos han permitido llegar hasta este día y, en fin, a esta Bahía, ciudad a la que queremos entrañablemente y a la cual nunca podremos terminar de agradecerle cuanto nos ha dado".
Diana Julio de Massot fue una personalidad incapaz de dejar indiferente a todo aquel que la tratara. De carácter fuerte, por momentos intimidatorio, era de una franqueza que rayaba en la candidez y de un valor que le permitió sobreponerse en cada ocasión a las difíciles vicisitudes que le planteó la vida. De humor franco y risa contagiosa, su conversación fue informada y cautivante. Generosa sin límites, con profundas y terminantes convicciones, tuvo, además, una marcada capacidad para escuchar y rectificar sus errores.
Tras una misa de cuerpo presente rezada por el R.P. Víctor Pinto, en el Cementerio Jardín de Paz, de Pilar, sus restos serán despedidos por el doctor José Claudio Escribano, subdirector del Diario "La Nación" , en representación de ADEPA; el coronel (RE) Luis Máximo Premoli; y el señor Norman Fernández, Asistente de la Dirección de "La Nueva Provincia", en representación del personal de la empresa.
Sus restos, siguiendo su voluntad, serán cremados y trasladados a la ciudad de Bahía Blanca para ser inhumados, en la bóveda familiar del cementerio local, en los próximos días, tras lo cual se rezará una misa en la Iglesia Catedral por el eterno descanso de su alma.
Quienes trabajábamos a su lado sabemos que, si a ella le hubiera tocado decidir sobre el contenido de esta nota, poco más habría agregado, fiel a esa regla editorial que hizo que, durante cincuenta y tres años, desde que tomó a su cargo la dirección de estas páginas hasta el día de su muerte, toda referencia en ellas a su persona se ajustara a lo indispensable desde el punto de vista informativo, casi limitado a lo estrictamente protocolar.
Pero si bien ese desinterés cristiano por la promoción propia es parte de su ejemplo y su legado, quienes la sucedemos en la decisión editorial creemos no agraviar a uno ni otro si hoy --que ya no está-- compartimos apenas una reseña con los lectores de este diario al que ella dedicó su vida.
Porque, desde que en 1956 asumió la responsabilidad de dirigirlo, decidió que sus actos, su persona, su familia, su Patria y su Fe serían inescindibles de lo publicado en la edición de cada día de "La Nueva Provincia" . En realidad, ese fue el compromiso que tomó un año antes, con apenas veintiséis años, cuando se puso al frente de las gestiones de recuperación del matutino fundado en 1898 por su abuelo, Don Enrique Julio, clausurado en 1950 y en vías de incautación por el gobierno de Juan Domingo Perón.
Llegaba a esa batalla sin más armas que su carácter y el ejemplo de vida recibido de quienes la criaron tras quedar huérfana de madre a los tres años: su abuela Vicenta Calvento de Julio y su tía Raquel Calvento. No tenía otros estudios que los de bachiller, adquiridos durante su pupilaje en el colegio Santa Unión de Buenos Aires, donde abrazó una pasión por la lectura que la acompañaría hasta sus últimos días y le permitió completar su formación.
A los diecinueve años se casó con Federico Ezequiel Massot, joven diplomático, a quien acompañó inmediatamente en su primer destino como secretario de la embajada argentina en Manila, Filipinas. Pocos años después, el mismo gobierno que había clausurado el diario familiar dejó cesante a Massot, declarado opositor. Así, devolvía a la familia, sin recursos y con dos hijos, a una habitación alquilada en el barrio de Almagro, en la Capital Federal.
Esa precaria situación, lejos de minar su espíritu, hizo nacer en ella la determinación --hasta entonces desconocida-- de rescatar "La Nueva Provincia" . En el cumplimiento de ese compromiso la encontró el estallido de la Revolución Libertadora, mientras junto con su marido --activo integrante de los comandos civiles revolucionarios-- sorteaban los puentes volados y los puestos militares de control en su ruta a Bahía Blanca, para que él pudiera asumir la intervención del diario familiar y revertir las secuelas del régimen recién depuesto.
Cuando, un año después, su esposo fue reincorporado al Servicio Exterior de la Nación, y asignado a la embajada en Londres, la fuerza de ese mismo compromiso determinó que Diana Julio de Massot resolviera quedarse en Bahía Blanca al frente de su diario. Lo hizo acompañada por dos extraordinarios profesionales que, a lo largo de su vida y el trabajo común, se convertirían en entrañables amigos: Mario Marra y Jorge Bermúdez Emparanza. Para ellos, al igual que para Federico Massot y su cuñado, el capitán Alberto Antonini --artífices de la recuperación--, tuvo siempre un marcado reconocimiento, que se ocupó de resaltar en lo que sería su última aparición pública, durante los actos por el centenario del diario, en 1998.
Con todo --según no se cansaba de repetir--, fue gracias al leal acompañamiento del público bahiense que consiguió poner en pie nuevamente a "La Nueva Provincia" , en medio de un contexto fuertemente competitivo, pujando por el favor de los lectores con diarios como " El Atlántico", "Democracia" y "La Gaceta".
Retomó los ideales de su abuelo convirtiendo al diario, y luego a los demás medios que incorporó a la empresa, en incondicionales propulsores del desarrollo cultural y económico de la ciudad. Sin dejar que las diferencias políticas o personales se interpusieran nunca al momento de ponderar los proyectos y realizaciones que fueran beneficiosos para Bahía Blanca y su zona, no cesó de promover --con mayor o menor éxito, según los casos-- los principales emprendimientos culturales, educativos, industriales y de infraestructura para nuestro medio.
De inmediato comprendió cabalmente la idea de la empresa de comunicación moderna y, a partir de esa visión, enderezó sus esfuerzos para que "La Nueva Provincia" se convirtiera en el eje de uno de los primeros grupos multimedios de Latinoamérica y el primero de la Argentina.
El 24 de abril de 1958 obtuvo la concesión de la onda de LU2 que, desde entonces, competiría con las otras dos radios comerciales existentes en la ciudad, LU3 y LU7, para convertirse rápidamente en líder del mercado.
En 1959, consciente de la necesidad de defender la independencia de las entidades periodísticas, se inició en la actividad gremial empresaria, como fundadora y miembro del Consejo Directivo de la Asociación de Radiodifusoras Privadas Argentinas (ARPA). Al mismo tiempo, bregó por la formación de una entidad semejante para la prensa argentina hasta que, en 1962, formó parte de la Asamblea Fundacional de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), integrando su Junta de Directores y su Consejo Ejecutivo por varios períodos.
Apenas consolidadas las finanzas de los ya pujantes emprendimientos de comunicaciones, Diana Julio de Massot creyó necesario conocer algunos de los modelos periodísticos más avanzados en el resto de América. Quería mantener a "La Nueva Provincia" a tono con los últimos adelantos tecnológicos y los desafíos que se recortaban en el horizonte mediático. Para ello cursó estudios de perfeccionamiento en el Graduate School of Journalism de la Universidad de Columbia, en Nueva York, e ingresó a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), cuya Junta de Directores integró en 1965 y donde desarrolló una activa labor hasta 1980.
Para Diana Julio de Massot el propósito específico de un medio de comunicación no se agotaba --por bien que lo hiciese-- en informar a sus lectores, oyentes o televidentes. En todo caso, ésta era la condición necesaria de una periodista de ley. La condición suficiente consistía en formar conciencia respecto de determinados valores e ideas.
Fue en razón de esta creencia, firmemente arraigada en ella desde muy joven, que "La Nueva Provincia" pronto se destacó, no sólo en el ámbito bonaerense sino a nivel nacional, por su compromiso indeclinable con la defensa de las más profundas tradiciones nacionales y de los fundamentos de la cultura occidental: el principio de autoridad, la seguridad jurídica y la libertad responsable de las personas. Al mismo tiempo, y sin dejarse ganar por ninguna tentación clericalista, los medios bajo su dirección hicieron causa común con la doctrina pontificia referida a cuestiones de fe y costumbres.
En el transcurso de los cuarenta años que estuvo, a sol y a sombra, al frente del diario recuperado en 1955, cosechó de parte de sus enemigos ideológicos todo tipo de ataques que no hicieron mella en su carácter, así como de amenazas que reforzaron su temple y, lejos de amedrentarla, acicatearon su ánimo de lucha.
Convencida de sus razones, defendió la legitimidad de la revolución del 16 de septiembre de 1955 en contra del régimen instaurado por Juan Perón, al que "La Nueva Provincia" criticó siempre. Sin embargo, cuando la fórmula conformada por Framini-Anglada, gestada en Madrid, ganó ampliamente las elecciones para gobernador de la provincia de Buenos Aires, el editorial escrito por la directora de uno de los dos diarios más antiperonistas del país, fue consecuente con su aceptación previa del proceso electoral, exigiendo que dejasen asumir al binomio justicialista, legítimamente votado.
Respaldó en buena medida la gestión económica del desarrollismo, llegando a integrar la delegación que acompañó al entonces presidente Arturo Frondizi a los Estados Unidos, en 1959, sin que ello le impidiera a la vez tomar distancia de sus manejos políticos.
En ese mismo año, se abrieron los procesos de licitación para canales de televisión privados en el interior del país y, una vez más, Diana Julio de Massot apostó a la inserción de "La Nueva Provincia" en las nuevas tecnologías de comunicación. Ganó una de las dos frecuencias adjudicadas a Bahía Blanca, el Canal 9, que, bajo el nombre de Telenueva, inició sus transmisiones el 24 de septiembre de 1965.
A partir de junio de 1966, "La Nueva Provincia" apoyó críticamente el derrotero de la así denominada Revolución Argentina, sobre todo durante la presidencia del general Juan Carlos Onganía. Fue entonces, comenzada la guerra revolucionaria de organizaciones armadas de izquierda contra las instituciones de la República, cuando Diana Julio de Massot reveló su mejor perfil combativo, que hizo extensivo al diario que dirigía.
Aquellos años de plomo --luctuosos por donde se los mire--, que dieron lugar a una conflagración civil cuyas secuelas, todavía hoy, resultan lacerantes, no la tomaron por sorpresa. Conocidos los primeros episodios terroristas, comprendió con claridad la dimensión del ataque que enderezaban las facciones revolucionarias --dependientes de uno de los dos imperialismos vigentes en la época-- contra el país de los argentinos, y a partir de tal entendimiento tomó una decisión personal que guiaría la política editorial de "La Nueva Provincia" a lo largo de todo el conflicto: no había, con los enemigos de la Nación, negociación posible.
La confusión reinante en los años de transición entre la Revolución Argentina y el regreso al poder del general Juan Domingo Perón encontraron siempre a "La Nueva Provincia" desenmascarando las falsas declamaciones democráticas con que los movimientos subversivos pretendían justificar la violencia por ellos desatada. Diana Julio de Massot no cedió a lo políticamente correcto y denunció, por igual, los desvíos del gobierno militar --entonces en manos del general Lanusse--, de ciertos sectores de la Iglesia identificados con el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y de los partidos políticos.
En 1973, ante el triunfo de la fórmula Cámpora-Solano Lima, la directora del diario planteó en el editorial del domingo 18 de marzo todo su escepticismo respecto del futuro inmediato, no sin decir, en el párrafo final: "Quiera Dios darnos fortaleza para desechar con igual serenidad el anónimo cobarde y la amenaza encubierta y quiera también legarnos la misma entereza que hizo un día de este diario el vocero inclaudicable de las mejores tradiciones argentinas". Casi inmediatamente, su pesimismo resultaría justificado.
Entre 1973 y 1976, "La Nueva Provincia" sería víctima de un hostigamiento permanente de parte del gobierno y de los grupos de la izquierda y la derecha peronistas que alternaron vigencia y poder durante ese período. Las amenazas personales a los directivos, al personal, a sus familias, unidas a los atentados, el boicot sindical y la utilización de los recursos del Estado para ahogar a la empresa fueron para Diana Julio de Massot el pan de cada día. Y lo recibió sin claudicaciones, sin negociar ni su indemnidad física ni la venta de las páginas de su diario al poder de turno.
Fueron años en que, como nunca, debió plantearse los riesgos de vivir de acuerdo con los principios que sostenía en sus editoriales. Entre muchas otras, algunas anécdotas de la época la describen por sí solas.
En una oportunidad, mientras cumplían con sus funciones en el Concejo Deliberante local, los periodistas de su empresa fueron hostigados y expulsados por patotas vinculadas al peronismo. Su actitud frente a la agresión fue siempre la misma: enfrentarla y, consecuente con ella, no dudó en presentarse sola a la siguiente sesión del Concejo para hacer en persona la cobertura de la misma.
Pasado el tiempo, y con la empresa familiar al borde de la quiebra debido al hostigamiento del gobierno, recibió una oferta de compra por el canal de televisión que, de concretarse, podía paliar la desesperada situación del diario. Con enorme pena, pero dispuesta a sacrificar una parte de lo que había construido para salvar su "buque insignia", pensó aceptarla. Sin embargo, puso como condición conocer el destinatario último de la operación. Al enterarse de que los compradores eran personeros de David Graiver y José Gelbard, a quienes ella consideraba cómplices del proceso de subversión por el que atravesaba la Argentina, prefirió exponerse a perderlo todo antes que entregarles uno de sus medios.
Cada vez que las autoridades le informaron de la inclusión de su nombre en los listados de objetivos de la subversión o se reforzó tal amenaza con la aparición de su fotografía en una de las publicaciones que preanunciaban los crímenes terroristas, Diana Julio de Massot les reiteró a sus familiares directos la instrucción de no negociar por su vida en ningún caso. Y al fundamentar su decisión en la línea editorial que ella misma había mantenido desde el secuestro en Buenos Aires de un cónsul paraguayo, en época de Onganía, remataba siempre con aquello de "no borrar con el codo lo escrito con la mano".
En esos años, frente a las agresiones, las pérdidas materiales y hasta el peligro de muerte, Diana Julio de Massot optó, en cada caso, por los principios. Al extremo de que, entre fines de 1975 y principios de 1976, el diario --cuando sus enemigos lo creyeron quebrado-- pudo continuar su prédica de siempre con una edición de apenas ocho páginas, gracias a la lealtad inolvidable de una treintena de empleados y a los miembros de la familia propietaria que --todos juntos-- no dudaron en responder a la convocatoria de su directora. El diario "La Nueva Provincia" siguió, así, informando a los hogares bahienses que, sin importar lo precario de las ediciones, nunca lo abandonaron. También aquellos fueron años en los cuales el reconocimiento nacional a la independencia y el valor del diario dirigido por Diana Julio de Massot le otorgaron a "La Nueva Provincia" una vigencia a lo largo y ancho del país nunca alcanzada por un diario del interior.
En medio de aquel proceso disolvente que afectaba a la República y con la amenaza creciente del terrorismo marxista, el 24 de marzo de 1976 Diana Julio de Massot consideró que era un deber ineludible respaldar la acción militar de las Fuerzas Armadas. Hasta el final de sus días reivindicó aquella acción, a pesar de las profundas críticas que dirigiera a la administración de las políticas públicas encaradas por el gobierno de facto.
La última etapa de su gestión ejecutiva al frente de "La Nueva Provincia" fue crítica de la gestión del doctor Raúl Alfonsín, a quien había apoyado frente a la fórmula Luder-Bittel. Sin embargo, pese al grave deterioro económico que caracterizó al período alfonsinista y al enfrentamiento creciente con el gobierno nacional, perseveró en su idea de la empresa de comunicación multimedios y, en 1986, solicitó una licencia para la explotación de un sistema de televisión por cable que se lanzó al mercado bajo el nombre de Cable Total.
En 1987, abandonó sus funciones ejecutivas y asumió la recién constituida Dirección General del grupo Multimedios, desde donde coordinó su desarrollo fuera de Bahía Blanca y la región, asociando a otros medios del interior. Bajo la dirección del grupo se iniciaron operaciones de televisión por cable en varias ciudades del interior y del Gran Buenos Aires; de Chile y de Brasil. En televisión abierta, los canales en que el grupo tenía participación lideraron la conformación de un consorcio de producción de contenidos que, a su turno, fue el eje de Televisión Federal S.A., empresa adjudicataria del Canal 11 de Buenos Aires (TELEFE) al momento de su privatización. En gráfica, en conjunto con otros cinco diarios del interior, se encaró el montaje de una planta impresora en el Gran Buenos Aires para lanzar la revista "Nueva" , que se convirtió en la segunda revista de mayor circulación nacional, entregada con las ediciones dominicales de cada uno de los diarios participantes.
En 1995, a raíz de un grave accidente automovilístico, se vio forzada a retirarse de la actividad, para encarar un largo proceso de rehabilitación, reintegrándose en 1999 como Directora Honoraria del diario.
Durante su gestión, tanto ella como las empresas bajo su dirección recibieron numerosos premios y distinciones, entre los que se destacan el otorgado por la Asociación Mundial de Periódicos (WAN), en 1998, y varios de la Sociedad Interamericana de Prensa, como el SIP Mergenthaler, en 1964; la Cruz de Plata Esquiú en 9 oportunidades; el Santa Clara de Asís en 10 oportunidades y el premio San Gabriel, en 1970. A nivel personal, entre muchos otros, contó con el Freedom of the Press Citation de la Universidad de Florida, en 1959; la Orden al Mérito de la República Italiana en el grado de Commendatore, en 1972; el premio de la revista "Gente" , en 1973; el María Moors Cabot Award, otorgado por la Universidad de Columbia, también en 1973 y el premio Konex - Diploma al mérito, en 1987.
Diana Julio de Massot fue, más allá de la periodista y la empresaria, fundamentalmente una mujer de familia y, como tal, básicamente una madre y una abuela en extremo dedicada. Tuvo la capacidad de mantener y desarrollar la empresa a la que consagró su vida en el seno de su familia y, a partir de allí, pudo repartir su guía, su consejo, su apoyo y su combate con la misma determinación a una y a otra.
El mismo amor que desplegó en su familia lo dio solidariamente a cuantos la rodeaban y muy especialmente a quienes trabajaban con ella. Así no dudó en atender a cuanta persona o institución se acercara en busca de ayuda, ya fuera una contribución, un tratamiento médico en el exterior, un barrio, un dispensario, una capilla, una escuela, una vivienda, la posibilidad de estudiar o una mensualidad para aplacar alguna situación de desempleo. Todo, siempre, en el marco de una cristiana discreción que hacía del anonimato su regla.
El amor inclaudicable a su Bahía Blanca natal, y el reconocimiento a cuanto la ciudad y su gente les dieron a ella y a sus ancestros, resultaron una constante en su vida y la llevaron, después de su retiro y hasta que su enfermedad la dejó postrada en Buenos Aires, a radicarse nuevamente en nuestra ciudad. En su discurso del centenario, dijo emocionada: "En cada uno de estos cien años fuimos contrayendo una deuda de gratitud con quienes, más allá de posibles disidencias respecto a nuestra línea editorial, siempre nos brindaron su respeto y confianza, traducidos en preferencia diaria: me refiero a las cinco generaciones de bahienses que, desde 1898, nos han permitido llegar hasta este día y, en fin, a esta Bahía, ciudad a la que queremos entrañablemente y a la cual nunca podremos terminar de agradecerle cuanto nos ha dado".
Diana Julio de Massot fue una personalidad incapaz de dejar indiferente a todo aquel que la tratara. De carácter fuerte, por momentos intimidatorio, era de una franqueza que rayaba en la candidez y de un valor que le permitió sobreponerse en cada ocasión a las difíciles vicisitudes que le planteó la vida. De humor franco y risa contagiosa, su conversación fue informada y cautivante. Generosa sin límites, con profundas y terminantes convicciones, tuvo, además, una marcada capacidad para escuchar y rectificar sus errores.
Tras una misa de cuerpo presente rezada por el R.P. Víctor Pinto, en el Cementerio Jardín de Paz, de Pilar, sus restos serán despedidos por el doctor José Claudio Escribano, subdirector del Diario "La Nación" , en representación de ADEPA; el coronel (RE) Luis Máximo Premoli; y el señor Norman Fernández, Asistente de la Dirección de "La Nueva Provincia", en representación del personal de la empresa.
Sus restos, siguiendo su voluntad, serán cremados y trasladados a la ciudad de Bahía Blanca para ser inhumados, en la bóveda familiar del cementerio local, en los próximos días, tras lo cual se rezará una misa en la Iglesia Catedral por el eterno descanso de su alma.
martes 18 de agosto de 2009
Espionaje
Negarlo para después confirmarlo: típico de nuestra dirigencia. Una vergüenza lo que hace Alberto Fernández, y como él, tantos otros; pero su caso es paradigmático de una clase política repugnante y vomitiva.
Empezando por el principio, valga la redundancia, su caso no sería tan diferente, pero no menos repugnante, que el de muchos otros políticos antes K y ahora anti, como Julio Cobos, que al ver que el barco se hundía, huyeron: como las ratas, he afirmado en más de una ocasión. Si para Aristóteles “el hombre es un animal político”, ahora un hombre político es un animal, sencillamente, invirtiendo el orden de las cosas.
Alberto F, hasta el último momento, realizó las más sucias operaciones de prensa para el Gobierno –por medio de su ex socio devenido en enemigo, el gran diario argentino, debido a lo cual siempre gozó de inmunidad mediática-, negó cualquier acusación de autoritarismo, corrupción, no hizo autocríticas; hasta que se fue. Y como es políticamente correcto, siempre siguiendo la línea de las coyunturales, se hizo, lentamente, anti K.
La semana pasada llegó a un extremo: como si nunca lo hubiesen sabido ni él ni muchos otros, salió a denunciar que lo espiaban. La víctima, ¡pobrecito! Es vox populi que el Gobierno espía, pero tan hipócrita como nuestro ex Jefe de Gabinete, no se puede ser. "De qué se queja Alberto Fernández si él le ordenó a la SIDE hacer la operación contra Enrique Olivera, que la hizo Daniel Bravo, íntimo amigo de Vilma Ibarra, que es quien lo acompaña, para que no ganemos en Capital en 2005" dice, con absoluta razón, Lilita Carrió, más allá de opiniones sobre su figura y partido político. Hace más de un lustro, desde que los Kirchner llegaron al poder, que la oposición trata de alzar la voz por este tema tan dramático, pero ¿quién iba a prestarles atención? Si antes perdían elecciones.
La pequeñez de nuestra dirigencia gobernante –porque lo cierto es que Alberto F lo era hasta hace un año, por lo que no puede desconocer estos manejos- debería dar una lección al país, que no debería seguir votando mamarrachos, ni como oficialismo, ¡ni como oposición coyuntural!
Terminando por el final, “negarlo para después confirmarlo: típico de nuestra dirigencia”. ¿Aprenderemos algo de esto?
Empezando por el principio, valga la redundancia, su caso no sería tan diferente, pero no menos repugnante, que el de muchos otros políticos antes K y ahora anti, como Julio Cobos, que al ver que el barco se hundía, huyeron: como las ratas, he afirmado en más de una ocasión. Si para Aristóteles “el hombre es un animal político”, ahora un hombre político es un animal, sencillamente, invirtiendo el orden de las cosas.
Alberto F, hasta el último momento, realizó las más sucias operaciones de prensa para el Gobierno –por medio de su ex socio devenido en enemigo, el gran diario argentino, debido a lo cual siempre gozó de inmunidad mediática-, negó cualquier acusación de autoritarismo, corrupción, no hizo autocríticas; hasta que se fue. Y como es políticamente correcto, siempre siguiendo la línea de las coyunturales, se hizo, lentamente, anti K.
La semana pasada llegó a un extremo: como si nunca lo hubiesen sabido ni él ni muchos otros, salió a denunciar que lo espiaban. La víctima, ¡pobrecito! Es vox populi que el Gobierno espía, pero tan hipócrita como nuestro ex Jefe de Gabinete, no se puede ser. "De qué se queja Alberto Fernández si él le ordenó a la SIDE hacer la operación contra Enrique Olivera, que la hizo Daniel Bravo, íntimo amigo de Vilma Ibarra, que es quien lo acompaña, para que no ganemos en Capital en 2005" dice, con absoluta razón, Lilita Carrió, más allá de opiniones sobre su figura y partido político. Hace más de un lustro, desde que los Kirchner llegaron al poder, que la oposición trata de alzar la voz por este tema tan dramático, pero ¿quién iba a prestarles atención? Si antes perdían elecciones.
La pequeñez de nuestra dirigencia gobernante –porque lo cierto es que Alberto F lo era hasta hace un año, por lo que no puede desconocer estos manejos- debería dar una lección al país, que no debería seguir votando mamarrachos, ni como oficialismo, ¡ni como oposición coyuntural!
Terminando por el final, “negarlo para después confirmarlo: típico de nuestra dirigencia”. ¿Aprenderemos algo de esto?
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